"El Don de estar loco"
Un día en el desván de madera, encontré una bola del mundo muy grande, que tenía un punto. Lo había hecho mi hermano cuando era pequeño, este punto no estaba en ningún otro mapa.
Yo, ya viejo, sin haber hecho nada bonito en mi vida, decidí ir hacia aquel punto pequeño. Caminaba por la bola del mundo, a la que le faltaba un trozo de África. A pesar de estar rota, pude salvar el obstáculo y seguir mi camino.
Llegué hasta el pequeño punto y allí me arrodillé, había agua en el aire, y los pájaros nadaban en ella; no pude ver a nadie, así asustado, veía aquellos pájaros abordando un pequeño barco de papel.
Por el punto, metí mis piernas y luego todo el cuerpo, caí como en un gran pozo, las cosas pasaban muy deprisa delante de mis ojos; tanto que llegué a enfadarme por creer que no querían ser vistas. seguía cayendo y aquel punto era profundo, muy profundo.
El aire reía, el agua reía...alguien me preguntó- bajas muy deprisa, ¿que quieres?- al volverme vi que era el viento -le dije; ¿tienes algo que enseñarme?
- Pues claro! Ven!
Continuamos juntos y el agua me dio su mano, no me mojaba la mano, solo la sentía fría. Me llevaron hasta un barco de sal azul con flotadores rojos, estaba entre unas hierbas altas.
Las hierbas acariciaban las velas del barco y las hacían reír.
El agua me soltó la mano y se extendió sobre la hierba. El barco entonces, se transformó, ahora era una nube, luego un hombre, más tarde un pez, una rosa o el cielo..tomaba muchísimas formas diferentes y diferentes colores azules, rojas, verdes...
El aire me cogió en sus faldas y me llevó a un valle donde había un castillo. Creí que sería un castillo con puentes, ladrillos, soldados y puertas, con los fosos y dragones o princesas encantadas... mi amigo el aire lo notó, porque me miró a los ojos y sonrió..
-No hombre, no; nuestro castillo es diferente, está formado por la fantasía de un niño; un niño soñó y soñó éste castillo, cogimos la imagen, y lo construimos con ramas y plantas...aquí vive el fuego ¿sabes?
El dueño del castillo era muy divertido, podía hacer lo que quisiera: subir las escaleras, llorar, reír, y jugar al escondite. A su alrededor, había un montón de llamas pequeñas, una de ellas me tocó y me dio "el don de estar loco"
Entonces comprendí, así de pronto, aquello.
Los sueños de todos los niños del mundo estaban allí..
Eran sueños que vivían en la mente de todos los niños.. yo no era uno de ellos...pero me habían dejado ver el punto en la bola del mundo, porque mi hermano lo había hecho cuando era pequeño.
Vi la mente, el corazón y la imaginación de los niños. Y comprendí algo que nunca había entendido : los niños no leían mis cuentos, porque hablaban de barcos hundidos, tesoros sin rescatar y príncipes encantados, y de eso trataban ya todos los cuentos de la gente que sabía hacerlo despertando la fantasía de un niño, y no como yo, que se la dejaba dormir.
Después....algo me hacía subir muy deprisa hacia el exterior del punto y vi que conmigo ascendía también la llama pequeña y roja. La cogí en mi mano, estaba contenta
y tenía unos ojillos alegres que me guiñaba todo el tiempo, mientras subía seguía viendo nubes transparentes y estrellas con luces de colores.
Salí del punto, con mis recuerdos.. recorrí de nuevo la bola del mundo, rota. Y me senté en un sillón tan viejo como yo.. hable con la llama roja durante muchas horas...ella me acompaña aun, a pesar del tiempo que ha pasado.
María Abril

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